Consumo responsable

18.7.18

Llevaba unos días dándole vueltas a la cabeza sobre si escribir esta entrada o no. La de Nerea sobre un tema similar me animó a ello y ahora que, por fin, estoy resuelta a cambiar ciertas cosas en mi modo de vida, considero que es el mejor momento para que vea la luz.


Como todos sabéis (aunque algunos os empeñéis en ignorar), nos estamos cargando nuestro hogar. Nuestro planeta azul está cada vez más cerca de convertir su verde en arena. Nos está pidiendo ayuda a gritos y, la verdad, estoy cansada de mirar hacia otro lado. No quiero que las próximas generaciones vivan en el universo de Mad Max ni que las guerras estallen por el dominio del agua potable.

La cosa es que unos meses atrás me hice una pequeña lista mental de todo lo que requería para poder tener la conciencia tranquila sobre lo que consumo y de qué manera lo hago. Necesitaba deshacerme de algunas cosas, conseguir otras nuevas y colocar las primeras losas del caminito por el que quería comenzar a andar. Una de ellas, por ejemplo, fue conseguir una pequeña cápsula ropífera veraniega. Asaltar las rebajas, vaya. Pero nada de Inditex y en comercios locales. También os diré que llevaba casi cuatro veranos con los mismos harapos, odio ir de compras y os aseguro que no pisaría una tienda de ropa salvo que fuese totalmente imprescindible.


Lo siguiente, sobre todo ahora que considero que ya tengo lo básico para absolutamente todo, es apoyar al pequeño comercio. Ya os he dicho alguna que otra vez que me encanta invertir en artesanía y arte, pero nunca he ido más allá de prints, libros, tazas y figuras (eso me recuerda que os tengo que enseñar mis últimas adquisiciones). Quiero que eso cambie. No, no es que quiera, es que mi mente lo necesita. Y para ello, a partir de ahora, cada vez que necesite algo concreto, voy a intentar conseguirlo en locales pequeños o empresas familiares. Etsy (y similares) también será mi amigo de aquí en adelante. Las únicas excepciones serán aquellas en las que considere injusto el precio de un producto o en las que, realmente, no sea capaz de encontrar un artículo a la venta por un particular.

Y ahora llegamos a la parte que más me emociona y aterra a partes iguales: el plástico. El temido plástico. Me espera un arduo cambio de rutina, o al menos así me lo parece a mí. Comprar a granel, bolsas reutilizables, adiós a los chicles... La verdad, aún no sé muy bien cómo me lo voy a montar. Ya tengo algunas cosillas para empezar, pero bueno, pretendo que sea un cambio gradual. ¡En unos meses os cuento cómo me va!

¿Y vosotros? ¿Os preocupáis por el medioambiente? ¿Apoyáis a los emprendedores?

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