Me duele, y no tengo que ocultarlo

11.7.18

Hacía tiempo que no me dolía tanto, aunque también es cierto que las he tenido peores. Hubo una vez que tuvo que venir a socorrerme mi compañera de piso porque ni siquiera era capaz de llegar a las pastillas. Hace un año estuve dos semanas con un dolor tan terrible que más de una vez pensé que tendría que llamar a gritos a mi suegra o a mi cuñado para que me ayudasen a levantarme del baño, con las bragas por los tobillos. Necesité ayuda durante días para ducharme y al principio incluso comí en la cama con la ayuda de una bandeja. Menos mal que me pilló en vacaciones, supongo.



Sí, soy una de esas a las que les molesta. Cada vez que llega tengo miedo. Porque no sé si solamente me subirá la fiebre o será una de esas veces en las que tendré que salir a la calle cada día soportando cuchillos candentes a cada paso que voy. Porque joder, duele. Y nadie debería atreverse a decir que mi dolor no es real porque simplemente no lo sufre.

Muchos no sabéis lo que es debatirse entre sentarse o meterse en la cama porque todo incomoda, sólo que de forma distinta. Y algunas tampoco. Tener pesadillas, sudar, e incluso no poder remontar de una anemia porque cada mes te desangras, te cansa. O no poder separarte del baño porque las hormonas han decidido que ha sido un buen día para tener una diarrea digna de una gastroenteritis.

¿Por qué hemos de callarnos? ¿Por qué no podemos decir abiertamente lo mal que nos encontramos cuando tenemos la menstruación? ¿Por qué tenemos que soportar anuncios en los que chicas sonríen y saltan cuando muchas solamente queremos hacernos un ovillo debajo de las sábanas? ¿Por qué os repatea que se hable tanto de estas cosas?

Muchas culturas nos han castigado durante siglos, escondiéndonos, porque éramos impuras. En el instituto siempre escondía las compresas y tampones en las mangas o salía con ellos en el bolsillo para evitar que alguien viese el "neceser de la regla". Aún hoy, a veces, alguna compañera me pregunta en voz baja y agachando la cabeza si tengo tampax. Y hablo de chicas de veinte y de chicas de treinta. Y no es justo. Ni nos lo merecemos. ¿Vergüenza por qué? ¿Porque unos penes así lo decidieron hace generaciones?

Pues no, yo me niego. No es cosa mía que no aceptéis que sangro, que no aceptéis que duele. Es vuestra responsabilidad entenderlo, no pretendáis cargarme encima vuestro pensamiento unineuronal. Porque yo no estoy rota.

2 comentarios

  1. Tienes razón. Mi caso no es tan brutal como fiebre y estas cosas que cuentas pero...hay meses que el primer día no me puedo mover, incluso me tengo que tirar (si es que me lo puedo permitir porque no tengo curro) 2 o 3 días en el sofá sin moverme casi. A mi lo que me pasa más es que la semana de antes de venirme y la de después tengo el estómago hecho papilla, me tiro en el baño todo el rato y todo lo que como me sienta mal...es agotador. Así que ya no es sólamente una semana la regla sino...3 a veces.
    Yo también he escondido las compresas en el instituto. De hecho yo me llevaba un neceser con las compresas para que cuando abriera la mochila para coger lo que sea no se vieran por ahí, pero luego al ir al baño nunca sacaba ese neceser porque era obvio que era lo que era...todo un poco absurdo y en plan contrabando. Espero que esto vaya cambiando poco a poco la verdad...
    Un abrazo guapa

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    1. Yo últimamente llevo una racha... Pero bueno, la voy llevando.
      La verdad, lo que más me repatea es cómo se trata en el instituto (o al menos en el mío), porque de ahí viene la mayor parte del problema. Las escondes porque no quieres que los compañeros te señalen, porque hace gracia que las niñas sangren y ellos no. Y madre mía, que ninguna manchase un pantalón porque sería el hazmerreír durante un mes o más. Y a los profesores (al menos a los míos) les daba igual.

      Yo también espero que esto cambie, ojalá no tardemos mucho en verlo.

      ¡Un beso y gracias por comentar! ❤️

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